—¡Mateo!
Después de decir eso, me soltó y se fue riendo a carcajadas.
Está bien, no puedo asegurar que Alan lo haya influenciado.
¡La verdad, creo que él es peor que Alan!
Después de comer, Mateo me llevó a hacer muñecos de nieve.
Antes de salir, como no quería que me diera frío, me envolvió como si fuera un tamal.
Los guantes que me dio eran unos bien gruesos, de lana, de esos que le pidió a su asistente especialmente para mí.
Había nevado toda la noche, y la nieve me llegaba hasta los tobillos