La siguiente frase de Mateo ya no tuvo nada de seria.
—Parece que no eres de esas mujeres románticas que les gusta ir lento. Prefieres que vayamos directo a la cama cuando nos vemos. Bien, lo recordaré para la próxima.
—¡Mateo!
Tal como pensaba… este hombre no puede comportarse por más de cinco minutos.
Mateo me miró con esos ojos penetrantes suyos.
Su mirada siempre es intensa, pero cuando me mira así, con ese deseo acumulado, es imposible no sentir un calor especial por dentro.
Me subí el cuel