No tenía ganas de seguir discutiendo con ellas, así que solo me di la vuelta y salí del ascensor.
Camila me habló desde atrás, pero no le presté atención.
Sayuri, por su parte, gritó que no tenía educación.
Pensando que era la mamá de Mateo, apreté los dientes y me aguanté.
Al llegar a la habitación, Mateo estaba leyendo.
Apenas me vio entrar, sus ojos se iluminaron y me sonrió.
—Llegaste.
—Ajá.
Respondí desganada, dejando la comida sobre la mesita de noche.
—Come mientras sigue caliente.
Luego