—Entonces si en serio quieres divorciarte... hagámoslo —dijo de la nada Mateo, bajando la mirada y sonriendo un poco.
No dije nada.
¿Qué le pasaba? ¿Acaso desmayarse le había abierto los ojos?
Le respondí con calma:
—La verdad es que hace un momento descubrí muchas cosas. Hay muchas palabras que quiero decirte. Así que, Mateo, ¿podrías tomarte la medicina primero, por favor?
—Ya te dije que no necesito que me cuides. ¡Vete! —respondió con un tono más fuerte, mientras su pecho agitado subía y baj