En ese instante, los ojos de Camila se llenaron de lágrimas, y miró a Mateo con una cara de víctima total, dolida y desconcertada.
—Mateo, ¿qué te pasa? ¿Dije algo que no debía? Solo pensé que, como se abrazaron así, tú y mi hermano... pensé que quizá...
—¡Aurorita! —gritó mi hermano mientras corría hacia mí.
Y justo en ese momento, cuando estaba inventando más cosas sobre mí y Javier, Camila se lanzó directo al pecho de Mateo.
Mateo estaba a punto de apartarla, pero ella se llevó la mano al pec