—Ese regalo lo eligió tu hermana con sus propias manos, y la mayoría de los platos también los preparó ella —decía mi mamá.
—Solo con eso, ya se ve el afecto que le puso. Pero ¿y esa muchacha? ¿Dónde está su afecto? Nosotros no lo vimos por ningún lado. Así que, Carlos, no debiste hablarle así a tu hermana.
—Ya, mamá, no la defiendas más. Tú la malcriaste —dijo Carlos.
—Desde que conocí a Mayi, me di cuenta del mal genio que tiene Aurorita. Como soy su hermano, siempre le he aguantado sus rabi