—Lucy... —le dije, imitando a propósito el tono con el que le hablaba a mi papá.
Pero ella no reaccionó en lo absoluto.
Intrigada, rodeé la mesa para ponerme frente a ella.
Y para mi decepción... esa mujer no era la amante de mi padre.
—Aurora...
En ese momento, Camila y Mateo también entraron al local.
Lo que me sorprendió fue que Camila cojeaba al caminar, como si tuviera una pierna mala.
Eso me dejó intrigada. Algo cruzó por mi mente fugazmente... tan rápido que no alcancé a captarlo.
—Aurora