Camila me miró fijamente, sorprendida, como si no se esperara que fuera yo quien reconociera mi error.
Sonreí y tomé el tupper que ella tenía en las manos.
—¿Camila? ¿Hoy otra vez preparaste sopa para Mateo? Vamos a ver qué sopa es esta.
Hoy Camila había hecho sopa de pollo, y olía bastante bien.
No escatimé en cumplidos:
—¡Qué rico huele! Mateo seguro va a disfrutarla.
Mi reacción sorprendió tanto a Camila que quedó sin palabras.
Incluso Alan parecía atónito.
Con calma, serví un tazón de sopa y