Con una sonrisa enferma y una mirada de completa locura, Michael le dijo a Mateo:
—Todos dicen que eres muy listo, pero mírate... ¿te das cuenta de lo tonto que eres en realidad? ¿De verdad creíste que iba a soltarla? ¡Jajajajaja!
Yo miraba fijo a Mateo.
Él no podía no haberlo previsto. Sabía perfectamente que era una trampa, que Michael jamás me dejaría ir así de fácil. ¿Entonces por qué vino solo?
Esa impulsividad no parecía propia de él.
Mateo se veía tranquilo, y dijo con una voz muy serena: