No pude evitar mirarlo de reojo. No entendía esa necesidad de tenerme solo para él que mostraba todo el tiempo.
Mateo lo notó y enseguida me lanzó una mirada burlona:
—¿Qué pasa? ¿Verlos te puso feliz? ¿No quieres irte?
Sentí la molestia subiéndome por dentro. Este hombre de verdad desperdiciaba su apariencia con esa lengua tan venenosa.
Apreté los labios, llena de rabia, cuando la voz firme de Michael sonó detrás de mí:
—Aurorita, cuando esta película me haga famoso, vuelve conmigo. Para entonc