Justo cuando sentí alivio por no haber intentado escapar, Mateo levantó la vista hacia mi ventana.
Apreté los labios y cerré de inmediato la ventana.
Me giré y me apoyé contra el cristal, recordando el sueño que acababa de tener.
En mi sueño, otra vez estaba encerrada en la oscuridad, sin salida... y veía a Mateo y a Camila llevándose a mis bebés. El dolor era insoportable.
Solo pensar en eso me hacía temblar de pies a cabeza.
Hundí la cara entre mis manos, llena de ansiedad, desesperación y sin