—Mañana mando a alguien por ti. Vamos al hospital —dijo Mateo.
—¿Al hospital…? ¿Para qué? —pregunté, nerviosa.
Mateo me miró tranquilo, su tono era pausado:
—Para hacerte un chequeo.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo al instante.
Me negué, desesperada.
Mateo no le dio importancia a mi reacción. Me miró fijo y me remarcó:
—En Zuheral ya te lo había advertido. Al volver, te llevaría al hospital para un chequeo.
—No, no quiero…
Fue demasiado repentino. Yo pensaba que estos días, con su despr