Capítulo 401
De la nada, escuché su voz grave y seria detrás mío.

Sentí cómo todo mi cuerpo se ponía tenso. Me apuré a limpiar mis lágrimas y pregunté con indiferencia:

—¿Necesita algo más, señor Bernard?

Por un rato, el hombre atrás de mí no contestó nada. Con la voz igual de seca, agregué:

—Si ya no tiene nada más, tengo cosas que hacer.

Dicho eso, di un paso y seguí rumbo a la puerta.

Pero entonces, su voz dura volvió a dejarse oír:

—Si la culpa fue tuya, no busques excusas. ¡Un error es un error!

¿Mi cul
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