En ese momento, Camila aplaudió y gritó:
—¡Todos, silencio, por favor!
Como siempre andaba pegada a Mateo, todos en la oficina la trataban como la futura esposa del jefe. Así que, apenas levantó la voz, la sala quedó muda.
Camila agarró varias bolsas grandes de regalo que tenía en una mesa y dijo:
—Fui con Mateo a Zuheral por trabajo, así que les traje unos regalitos. ¡Repartan, que hay para todos!
—¡Guau! Gracias, Camila. ¡Gracias, futura señora Bernard!
—Qué detalle el tuyo, pensar en nosotros