—Cuando algún día el señor Dupuis se enamore de verdad, sabrá lo que es querer casarse, tener hijos y formar una familia con la persona que ama —dije.
—¿Ah, sí? —Waylon se rio, sin tomárselo muy en serio.
No le respondí. Me di la vuelta y caminé rápido hacia la salida de la mansión.
No fue hasta que pasé el jardín de Waylon que mi cuerpo, tenso hasta el límite, por fin se calmó.
Me dejé caer sin fuerzas contra un poste de luz. Todo mi cuerpo temblaba de frío.
Mis zapatos se habían perdido cuando