Miré de reojo a Mateo, pero él solo se quedó quieto, sin mostrar emoción alguna.
¡Ja!
Por dentro me invadió una burla amarga.
Camila ya había dicho cosas horribles y él ni se inmutó.
Sabía lo clave que era esta cena, ¡y aún así seguía dándole la razón a ella!
Lo peor era que yo sí me preocupaba por que todo saliera bien.
¡Qué chiste!
Waylon dejó su copa sobre la mesa de golpe. Se notaba molesto.
Camila se giró hacia mí, acusándome:
—Ay, Aurora, por favor. ¿No es solo un brindis con el señor Dupu