Levanté la vista sin pensarlo y vi entrar a un hombre alto, de cara atractiva y actitud arrogante.
Era Waylon.
Traía a dos mujeres exuberantes agarradas de los brazos y un grupo de guardaespaldas detrás.
—Vaya, ¿hay drama por aquí? Mira cómo llora esa belleza… ay… hasta da pena —dijo, burlándose al ver a Camila.
Camila se secó las lágrimas rápido:
—Señor Dupuis, por favor, no se burle de mí.
—Jajaja, qué voz tan dulce… esta belleza sí que antoja —siguió él, dejándose caer en una silla, con una d