Me fui hacia adelante por el frenazo y le pregunté, molesta:
—¿Qué haces?
Alan sonrió, sorprendido:
—Nada... solo que tus palabras me dejaron pasmado. Dios santo, Aurora, tienes una imaginación...
—¿Acaso me equivoqué?
—Pues, en pocas palabras, sí, por completo. Ya lo verás, Mateo no va a casarse con Camila. Y si no se casan, no va a haber ese momento especial de la noche de bodas ni nada de eso.
Lo dijo con una seguridad que casi parecía absoluta.
Pero por más seguridad que tuviera, él no podía