Mi boca fue más rápida que mi mente:
—Mateo...
Chas...
Justo después de decirle así, él frenó de golpe.
Rápidamente estiré los brazos hacia el frente, sintiéndome preocupada:
—¿Por qué frenaste así de repente?
Por suerte, casi no habían autos en la vía.
Él apretó el volante, incómodo, y me miró:
—¿Para qué hablas así?
Eh...
De repente, me di cuenta de le había hablado con una voz exagerada.
Me mordí el labio, sintiéndome frustrada.
Sentí un calor en la frente.
Claro, a él le gusta Camila, por es