Mateo habló con una voz dura, como si sus palabras fueran una advertencia.
Por un momento, pensé que si Michael no me dejaba ir, Mateo capaz hasta sacaba un cuchillo para cortarme.
Al fin y al cabo, Ryan era la prueba de lo que podía pasar.
Tenía mucho miedo, y ya ni me preocupé por fingir delante de Michael.
—¡Suéltame, señor Michael! ¡Por favor, compórtate!
Michael se quedó callado un rato, luego me sonrió medio enojado antes de soltarme la muñeca.
Y ahí quedó, marcada en rojo, prueba de lo fu