La miré con cautela y respondí midiendo cada palabra:
—Es que ya nos conocíamos de antes… y él es de esos que están ociosos y les gusta meterse en todo. Si le pides ayuda, te la da. Además, yo estoy trabajando para usted, señorita Alma; siendo él uno de sus favoritos, ayudarme es lo mínimo.
La señorita Alma soltó una risa:
—Nunca me había dado cuenta de que eras tan elocuente. Está bien, vete.
—Sí, sí, no la molesto más. Disfrute sus postres.
Sonreí y salí de la habitación.
Apenas crucé la puert