Aquella mujer se había metido en su corazón como una enredadera que echaba raíces en silencio.
Cuanto más intentaba arrancarla, más se aferraba, hasta que incluso respirar le resultaba doloroso.
Waylon dio una calada profunda al cigarrillo. Entre el humo que se arremolinaba, su mirada se volvió cada vez más turbia.
Y, sin poder evitarlo, en su mente volvió a aparecer la escena de su primer encuentro.
Ella estaba encogida en un rincón, como un animalito asustado. Aunque temblaba de miedo, cuando