Al pensar en eso, el sobresalto en mi interior se intensificó en oleadas.
El señor Pedro había conseguido, en tan poco tiempo, una máscara de piel humana con la cara de Sofía, e incluso había encontrado a un doble con una complexión idéntica a la de ella.
Conteniendo a la fuerza mi asombro, me apresuré a decirle al mayordomo con ansiedad:
—No, Darío sigue en el muelle cercando al señor Pedro; aún no ha tenido tiempo de fijarse en mí. Mayordomo Cooper, reúna gente y vaya de inmediato al muelle pa