Le dije en voz baja:
—¿No decías que no te importaba? Entonces, ¿por qué reaccionas así?
Esta vez, Waylon no me respondió.
De pronto aplastó el cigarrillo que tenía en la mano. Aún estaba encendido, pero parecía no sentir el calor.
Después de un rato, soltó una risa… una muy extraña, imposible de descifrar.
Se burló de sí mismo.
—Es cierto… ese año fui indulgente. El cuchillo se desvió un poco de su corazón. Pero cuando volví a buscarla, solo quedaba un cadáver calcinado.
Mientras hablaba, miró