Alma no se enojó; solo siguió sonriendo.
—Entonces fui descuidada. En ese momento solo pensé que ese vestido te quedaría bien. Además, aunque se lo quité a esa mujer… está completamente nuevo.
—¿Y qué importa que sea nuevo? —Renata sonreía todo el tiempo; su voz era tranquila y agradable, pero cada palabra rebosaba desprecio—. Con que haya sido tocado por esa vulgar… ya está sucio.
Renata no alzaba la voz, pero su menosprecio dolía como una aguja. Y Alma, frente a ella, parecía tener una pacienc