Capítulo 1975
Una frase simple y directa bastó para que los ojos se me llenaran de lágrimas.

Todo ese tiempo, el disfraz, la injusticia y la preocupación se derrumbaron en ese momento; solo quedó una alegría inmensa, unas ganas inmensas de estar con él y una emoción que me recorrió todo el cuerpo.

Me empiné y le besé la quijada porque me nació, rozándole suavemente la manzana de Adán, respondiendo a todo lo que me extrañaba.

Se puso tenso de golpe; el brazo con el que me rodeaba se apretó de repente, casi com
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