Capítulo 1941
—Además, ya eres mía. Ese hombre ni siquiera es seguro que vaya a quererte. Así que de ahora en adelante compórtate y quédate conmigo; deja de pensar en tonterías inútiles.

No le respondí ni me moví. Solo dejé salir un llanto reprimido y lleno de amargura. Darío volvió a hablar:

—Ya está, ya está. Si quieres llorar, llora todo lo que quieras. Yo voy a dormir.

Dicho eso, se acomodó en la cama, exagerando los movimientos a propósito para que la cama golpeara la pared con el ruido justo, el sonido
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