—Además, ya eres mía. Ese hombre ni siquiera es seguro que vaya a quererte. Así que de ahora en adelante compórtate y quédate conmigo; deja de pensar en tonterías inútiles.
No le respondí ni me moví. Solo dejé salir un llanto reprimido y lleno de amargura. Darío volvió a hablar:
—Ya está, ya está. Si quieres llorar, llora todo lo que quieras. Yo voy a dormir.
Dicho eso, se acomodó en la cama, exagerando los movimientos a propósito para que la cama golpeara la pared con el ruido justo, el sonido