Ese hombre se dejó caer en el sofá individual de enfrente como si estuviera en su propia casa. Estiró las piernas y apoyó la punta del zapato en el borde de la mesa, rozando la superficie con un sonido suave. Su actitud despreocupada rozaba lo descarado.
Al verlo así, tan relajado y arrogante, sentí una mezcla de rabia y risa.
Mateo y yo habíamos estado antes tensos al extremo, caminando con cautela, temiendo perder la vida con un solo paso en falso.
Y él… aparecía como si fuera a una feria, ent