Se quedó quieto un momento y después se levantó para abrir la puerta. Cuando lo hizo, vio a Sofía parada frente a él, con un frasco de pomada medicinal en la mano.
Mateo la miró, extrañado.
—¿Sofía?
Sofía entró con la pomada en las manos. La puso sobre la mesa, sacó papel y lápiz de su bolso y escribió con letra clara:
"Es un bálsamo excelente para los golpes. Póntelo, le va a hacer súper bien a la herida".
—Mil gracias —Mateo asintió.
Sofía dejó de mover la pluma por un instante. Lo miró con duda, se le notaba la indecisión.
Mateo entendió enseguida y dijo con calma:
—Quieres preguntarme por Waylon Dupuis, ¿verdad?
Sofía bajó la mirada. Pasó un buen rato antes de negar y escribir otra frase:
"Descansa bien".
Dicho eso, se dio la vuelta para irse.
Mateo apretó un poco los labios y le habló:
—Vi a Waylon. De hecho, estos días hemos estado juntos.
Sofía se detuvo en seco, tensa. En cuanto a lo que había pasado entre ella y Waylon, Mateo no tenía muy claro cómo manejarlo. Con el carácter