Se quedó quieto un momento y después se levantó para abrir la puerta. Cuando lo hizo, vio a Sofía parada frente a él, con un frasco de pomada medicinal en la mano.
Mateo la miró, extrañado.
—¿Sofía?
Sofía entró con la pomada en las manos. La puso sobre la mesa, sacó papel y lápiz de su bolso y escribió con letra clara:
"Es un bálsamo excelente para los golpes. Póntelo, le va a hacer súper bien a la herida".
—Mil gracias —Mateo asintió.
Sofía dejó de mover la pluma por un instante. Lo miró con du