La señorita Alma se rio sutilmente y dijo:
—Si de verdad tienes ese talento, entonces eres incluso más capaz que tu esposo.
Su actitud despreocupada, mezclada con un dejo de pereza, desprendía un encanto seductor muy particular.
Me quedé mirándola, y sin darme cuenta la halagué:
—Señorita Alma, es usted de verdad preciosa. Es la mujer más bella que he visto en este mundo.
—¡Ja, ja, ja...!
Mis palabras la complacieron de inmediato; la señorita Alma se rio con fuerza y parecía de muy buen humor.
P