Ella siguió haciendo señas: él solo quiere encontrar a su esposa.
En los ojos profundos de Pedro se notó la duda.
En efecto, no era necesario matar a ese hombre.
Pero el hecho de que se hubiera atrevido a secuestrar a la mujer que él amaba seguía tocando su orgullo y sus límites; por eso, pasara lo que pasara, quería verlo muerto.
Lo que Pedro no sabía era que, cuanto más le molestaba que alguien desafiara su autoridad y cuanto más ganas tenía de matar a Mateo, más imposible se volvía que Mateo