—¡Por aquí, Juan!
Juan jaló a Mateo y lo sentó de inmediato.
—¿Dónde se metieron? —preguntó Nilo—. Se tardaron bastante en llegar.
Juan miró a Mateo y respondió:
—Vimos que aún faltaba tiempo para la subasta, así que volvimos a la habitación a descansar un rato.
—Menos mal llegamos temprano —comentó Méndez—. Los asientos que conseguimos están bastante bien; mira a los que llegaron después, solo pudieron sentarse en los laterales o hasta atrás.
Mateo miró por todo el salón de subastas. El recinto