—Ah, cierto, casi se me olvida —agregó Camila, con una sonrisa siniestra—. En ese lugar hay gente a la que le encanta torturar a niños tan lindos como Embi y Luki... Los métodos de esos enfermos... aunque no te los diga, seguro te los imaginas, ¿no? Ja, ja, ja...
Apreté fuerte los puños.
Así que este camino era mi última oportunidad. Tenía que salvar a Embi y a Luki, costara lo que costara.
Si no, mis hijos y yo íbamos a terminar viviendo algo peor que la muerte.
Muy rápido, Camila mandó a que m