Camila me miró, con sus ojos llenos de odio.
—Te digo una cosa: deja de fingir que me conoces tan bien —apretó los dientes y se rio en mi cara—. ¿Usar tu vida miserable para amenazarme? Ja. De verdad eres una estúpida y una ingenua. Si tienes agallas, clávate el cuchillo de una vez. A ver si te atreves.
Apenas terminó de hablar, no lo dudé ni un segundo; deslicé el cuchillo y me corté la piel del cuello.
—¡Mamá
Embi y Luki rompieron en llanto al instante, desesperados.
A Camila le cambió la car