—Con ese comportamiento tuyo de venir a provocarlo de vez en cuando, lo único que haces es destrozarlo por completo —continuó Alan—. Si no fueras buena amiga de Valerie, de verdad tendría ganas de echarte de Ruitalia.
Apreté los labios; sentí una ráfaga de punzadas dolorosas en el pecho. Frente a esas palabras suyas, no tuve fuerzas para responder nada.
Alan me miró con indiferencia y dijo:
—Ya está, lárgate de una vez. De ahora en adelante, no vengas a buscarme. No te voy a decir nada relacionado con Mateo. Ahora me arrepiento de haberme esforzado tanto en ese momento para que ustedes dos se arreglaran. Si no, Mateo no habría terminado tan herido por tu culpa. Y de verdad no lo entiendo: si a la persona que amas es a Javier, ¿por qué sigues viniendo a provocarlo? ¿Crees que una mujer como tú disfruta jugando con los sentimientos de los demás? En cualquier caso, no voy a volver a permitir que lo dañes. Para que lo sepas, fui yo el que borró de su teléfono todos tus datos de contacto.
E