—Con ese comportamiento tuyo de venir a provocarlo de vez en cuando, lo único que haces es destrozarlo por completo —continuó Alan—. Si no fueras buena amiga de Valerie, de verdad tendría ganas de echarte de Ruitalia.
Apreté los labios; sentí una ráfaga de punzadas dolorosas en el pecho. Frente a esas palabras suyas, no tuve fuerzas para responder nada.
Alan me miró con indiferencia y dijo:
—Ya está, lárgate de una vez. De ahora en adelante, no vengas a buscarme. No te voy a decir nada relaciona