Capítulo 1629
Mis manos se detuvieron en seco mientras comía y sentí que el corazón se me encogía poco a poco.

—¿Me estás diciendo que... desapareció? —pregunté.

—No diría que desapareció —me contestó Javier—. Más bien debe andar de mal humor y se escondió por su cuenta. No tienes por qué preocuparte tanto; si pudo esconderse solo, quiere decir que físicamente no está tan mal.

No dije nada. En mi cabeza se repetía una y otra vez la escena de ese día en el hospital, cuando lo lastimé. Cada vez que me acordaba de eso, sentía un fuerte dolor en el pecho y las lágrimas se me salían sin que pudiera pararlas. Javier me miró con una expresión muy seria; la mano que tenía a su lado se le fue cerrando poco a poco.

—Por la salud del niño que traes en la panza, espero que sepas controlar tus emociones —dijo él—. Ya dejaste claro con Mateo que de aquí en adelante no se deben nada. Así que será mejor que no vuelvas a pensar en él. Para ti y para él, va a ser lo mejor.

—¡Lárgate! —le grité con rabia en cuanto ter
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