Cuando dije esas palabras, ya había tomado una decisión definitiva; iba a deshacerme del bebé que esperaba en secreto y después me quedaría con Mateo, como si nada hubiera pasado en realidad. Ya no quería darle más vueltas al resto de las cosas y, sobre ese video, solo me quedaba apostar a que Javier todavía tuviera aunque fuera un poco de conciencia.
Mateo sonrió cuando escuchó mi respuesta. Me pasó el brazo por los hombros y me dijo:
—Vamos a comer algo, cariño.
No me llevó a ningún restaurant