La sangre empapó poco a poco su bata de hospital.
Me miró con intensidad y sus ojos se pusieron rojos, de una manera extraña.
Miré a otro lado y dije, seria:
—No vuelvas a aparecer frente a mí. Tú y yo no tenemos ninguna relación, y no hay motivo para seguir enredándonos. En esta vida, lo único que quiero es estar tranquila con Mateo. Antes fue tu hermana la que se interpuso y me dañó una y otra vez, y ahora eres tú. No sé qué odio tan grande tienen contra mí, que insisten tanto en separarme de