Mateo me miró en silencio, me apretó fuerte las manos y dijo muy serio:
—Aparte de ti, aunque me muera, jamás tocaría a otra mujer.
Yo lo sabía, pero aun así, yo había traicionado sin querer esa confianza y esa lealtad. ¿Qué se suponía que debía hacer? Bajé la cabeza, sintiendo mucha culpa. Alan pensó que yo seguía molesta por lo de Indira, así que cuando entendió todo, la regañó furioso:
—Mira lo que hiciste. Yo, por consideración a mi tía, te permití ser asistente de Mateo para que aprendieras