Alan se quedó inmóvil y enseguida jaló a Mateo del brazo. Le susurró:
—¿Qué haces? Hay cosas que, si se pueden evitar, mejor no decirlas por ahora. Ustedes apenas se arreglaron; ten cuidado, no vaya a ser que la hagas enojar otra vez.
Pero Mateo no le hizo caso; solo miró a Indira, que estaba completamente inmóvil.
—¿Indira no quería que yo me hiciera responsable y cumpliera mi promesa? Pues ya que están todos aquí, dejemos las cosas claras.
Apenas Mateo dijo eso, Alan se puso más nervioso todav