Me quedé inmóvil; no entendía por qué él mencionaba de golpe lo que pasó esa noche, pero aun así asentí. Cuando vio mi respuesta, Mateo sonrió y se puso muy alegre.
—¿Qué pasa? —le pregunté sin entender nada.
—Nada —Mateo parecía alegrarse de pronto; hablaba con una voz tan dulce—. Solo que confirmé algo.
—¿Ah? —seguí mirándolo, cada vez más confundida.
Justo cuando él mencionó ese asunto, noté con sorpresa que la cara de Indira cambiaba rápido; miraba para todos lados y tenía una expresión llen