Carlos volvió a cubrirse la cabeza con las dos manos mientras gritaba, desgarrado por el dolor:
—¡Les ruego que no sigan! ¡No quiero escuchar nada, nada…!
Lo miré con tristeza. Él seguía siendo el mismo de siempre: ese hombre que prefería huir antes que enfrentar la realidad.
Camila lo observó, llena de rencor. Cuando vio que él ya no pensaba escucharla ni defenderla, se rio como desquiciada.
Me extrañé y miré a Mateo. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba Bruno?
Como si me leyera la mente, Mateo