Waylon se bajó del auto y hasta me saludó con una sonrisa, una arrogante y provocadora.
Yo lo miré con frustración. Ese hombre estaba loco: ¿a quién se le ocurría intentar atropellar a alguien solo porque le dio la gana? Si no lo conociera, ya me habría matado del susto.
—Perdón, Aurora, me distraje un momento y casi te atropello. ¿Estás bien? —me dijo Waylon, con una sonrisa desganada y un cigarrillo entre los dedos.
Javier se molestó y me miró:
—¿Estás bien?
—Sí —contesté rápido.
Entonces él m