Yo no le respondí a Camila, pero, de repente, escuché una risa sutil y burlona al lado mío:
—Acabo de oír que Aurora se fugó de la boda. Casi me asustas.
Volteé hacia la voz; era Jeison. Estaba apoyado junto a la entrada del hotel; si no hubiera hablado, ni siquiera lo habría notado.
Cuando crucé miradas con él, un escalofrío me recorrió la espalda. Sonreía, sí, pero sus ojos… eran como los de una serpiente escondida entre la maleza, lista para morder sin aviso.
—Me preguntaba —dijo, con una son