Me lamí los labios antes de decirle, muy nerviosa:
—Mateo, espera un momento... voy a contestar.
Él me miró fijamente, sin responder.
Yo aparté la vista; ni siquiera me atrevía a verlo a los ojos.
Mi teléfono seguía sonando; era la segunda llamada de Waylon.
Era como una bomba de tiempo que no querías que se adelantara ni un segundo.
—No te enojes —le dije a Mateo—. Solo voy a contestar una llamada. Regreso enseguida.
Él no habló; solo me seguía mirando, serio.
El timbre insistente parecía mi