—Sí. —Asintió, serio.
Iba a suspirar, pero me contuve.
“Bueno, de todos modos tengo que ponerme el vestido, da lo mismo si me lo pongo ahora o más tarde”.
Poco después fui al baño y me puse el vestido de novia. Cuando salí, la mirada de Javier se volvió de repente más penetrante; me miró fijamente y empezó a caminar hacia mí despacio. Su mirada era tan intensa que me dio un poco de miedo. Sin darme cuenta retrocedí dos pasos. Al instante, extendió la mano, me abrazó por la cintura y me acercó