Alan se molestó de inmediato.
—Ya sé que no lo quieres, pero no imagines que le pasan cosas malas, ¿sí?
—No estoy imaginando nada, hablo en serio —dije apresurada.
El hombre que conversaba con Alan se rio un poco.
—Tengo algo pendiente, los dejo —dijo antes de marcharse.
Cuando se fue, Alan dejó de disimular su fastidio y me gruñó:
—¿Otra vez estás loca? Tu prometido no te acompaña y vienes a molestarme a mí y a Mateo. Si finalmente ibas a ponerte así, ¿para qué demonios lo abandonaste? ¿Para qu