Cuando Carlos me vio, enseguida sonrió.
—Aurora, por fin volviste. Javier te ha estado esperando toda la tarde.
Miré a Javier. La herida del brazo ya no parecía grave. Llevaba un traje impecable; siempre había sido muy atractivo y, así de formal, se veía todavía más elegante y caballeroso.
—¿Ya regresaste? —me dijo con una sonrisa cariñosa—. Ve a arreglarte un poco, te llevaré a cenar.
En ese instante recordé lo que me había dicho antes de regresar a la casa: que quería llevarme al aniversario n