“¿Dónde estás? ¡Llámame!"
Ya eran casi las tres de la mañana.
El mensaje acababa de llegar.
Eso significaba que Mateo todavía no dormía.
Me quedé mirando ese mensaje, sintiendo los ojos arder.
Entre cada palabra se sentía su carácter dominante… y su preocupación.
Pero ¿no se suponía que quería otra relación?
¿No se suponía que quería olvidarme?
Entonces, ¿por qué no podía dejar de preocuparse por mí?
Por fin, él y yo éramos iguales: ninguno había podido dejar ir al otro.
Recordar los momentos du