Capítulo 1348
En la oscuridad, sentí un calor familiar, casi como una vieja adicción, en el dorso de mi mano.

El cuerpo se me tensó un poco; hasta la respiración se me agitó.

Esa piel un poco áspera, esos dedos delgados... era la mano de Mateo.

Y cuando su mano rozó la mía, pareció estremecerse, como si el contacto lo hubiera quemado… pero la manita de Luki o de Embi, quien estuviera entre nosotros, la agarró con fuerza e impidió que se apartara.

Esa fuerza minúscula traía una obstinación imposible de romper.
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